Historia y Presencia de las Culturas Originarias del Territorio Argentino en el contexto general de la Historia Continental


Taller de 60 horas cátedra organizado por Museo Municipal Ivy marä ey, en convenio con el Museo Yuchán y el CGE de Entre Ríos

Con puntaje para docentes: Resolución 1557/mayo 2011

A cargo del Prof. Juan José Rossi
Director Museo Yvy marä ey y profesor de “Historia Americana” en la UADER

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A propósito de nuestra realidad continental y de su humanidad, protagonista de una sólida historia milenaria (lamentablemente poco o nada conocida por los argentinos), es inadecuado y engañoso referirnos a ella dividiéndola en dos grandes regiones: ‘América latina’ (hoy de moda, escribiendo inclusive erróneamente ‘Latina’ con mayúscula) y ‘América sajona’, puesto que tales fórmulas fueron inventadas por los franceses (hace aproximadamente 150 años por motivos ajenos a la realidad del continente) y avaladas por el resto de Europa, y americanos europeizados, con fines estratégicos para diferenciar las aguas al interior de sus objetivos de apropiación. Es decir, reafirmar que los países de América sometidos por los ´latinos´ pertenecerían todavía a los países ‘latinos’ de Europa y los sometidos por los ingleses a los ’sajones’.

En la práctica, los nativos —todos los nacidos y adoptados aquí— nos conformamos irreflexivamente con nombres (América, América latina y América sajona) que el invasor le adjudicó a nuestro continente de más de 40.000 años de historia. Una forma nada sutil de mantener en el imaginario colectivo y en los hechos la sensación de que occidente sigue siendo “nuestro dueño” o “nuestro padre” por habernos —según ellos— engendrado hace apenas 517 años con el casual y comercial arribo de un navegante italiano que se dirigía al Asia por intereses propios y para rivalizar con Portugal.

Pero desde el punto de vista del devenir humano continental y de los más estrictos parámetros filosóficos y epistemológicos, al menos en lo que se refiere a la ciencia histórica NUESTRO CONTINENTE ES UNO SÓLO DESDE ALASKA A TIERRA DEL FUEGO Y ANTÁRTIDA (que impropiamente se llama ´américa´, nombre, como sabemos aunque lo disimulamos, impuesto por el invasor entre gallos y medianoche, que pretende homenajear al espía europeo Américo Vespucio, personaje totalmente ajeno a la realidad continental). SOMOS, DESDE EL INICIO, UN SOLO CONTINENTE Y TENEMOS UNA SOLA HISTORIA MILENARIA QUE INCLUYE UNA SOLA HUMANIDAD DESDE SU INGRESO HASTA EL PRESENTE Y EN EL FUTURO, a no ser que Europa y su dilecto hijo EE.UU., basados en su poder estratégico-militar y comercial, finalmente resuelvan someternos ‘abiertamente’ o ‘anexarnos’ como Estado Asociado a su servicio, como sucede con muchos Estados americanos, en especial con Puerto Rico y el Caribe.

En ese devenir y en un presente relativamente breve, es cierto que en ‘nuestro’ norte (no todo el norte, sólo EE.UU.) ha surgido un sistema circunstancial político-económico imperial perverso que trata de distanciarse y dominar al resto del continente y al mundo (situación que recuerda la tendencia imperial argentina o brasileña frente a países supuestamente más débiles materialmente como Uruguay, Bolivia y Paraguay, reflexión que nos recuerda también la perversa guerra de la ‘triple alianza’). Pregunto ¿hay que sacar por eso a estos países (los imperialistas del norte o los de tendencia imperial del sur) del mapa de la única América mientras unos efectivamente son imperialistas en la actualidad y los otros lo serían si se les permitiera? ¿o hay que inyectar e inyectarnos el contenido milenario de una fecunda historia común que nos aúna y hermana en lo más profundo de nuestro devenir pasado, presente y futuro?

Mientras no hagamos consciente esa historia común, seguiremos embarcados en el sometimiento entre nosotros mismos, mientras Europa busca la forma de usufructuar nuestras divisiones. Son preguntas que deben preocuparnos. No olvidemos que Europa sigue siendo invasora (lo es desde milenios con aire de ‘salvadora’, sobre todo a través del cristianismo, su avanzada estratégica y dogmática), aunque ahora con modales más sutiles que los del siglo XVI y diferentes a los de su dilecto pero peligroso hijo EE.UU. que no tiene el menor reparo en instalar bases en nuestras propias narices, en realidad lo intenta en todo el mundo. La vocación milenaria de Europa ha sido y es invadir como sea, usufructuar, vivir a costa de una humanidad —que ellos definen como ‘tercer mundo’, ‘subdesarrollado’, ‘emergentes’, etc. Lo hace sin apuro, con pie firme y objetivos claros.

Por otra parte, y en otra dimensión de la historia, no debemos subestimar que en el país del norte de nuestro continente, ligado profundamente por una misma historia continental, está ‘la gente’ común como nosotros, las personas que no comparten, o podrían no compartir, la actual estrategia política y económica opresiva; hay millones de nativos de origen pre-invasión, millones de origen africano, etcétera. No somos América latina o sajona (además ambos vocablos deben escribirse con minúscula, no con mayúscula, porque son apenas adjetivos mal aplicados), sino simplemente AMÉRICA (mientras nos resignemos a seguir adoptando un nombre inadecuado), con una sola historia y una humanidad cuyos orígenes y maravillosa creatividad se inicia en el norte y se desplaza a través de los milenios hasta nuestro territorio hoy argentino.

En efecto, el ingreso del hombre por el norte, los vestigios humanos de Lewisville, las maravillosas puntas Sandia, Clovis y Folsom, la cultura de los inuit y Montículos, los iroqueses y sus códigos de convivencia, y tantas otras manifestaciones culturales, pertenecen a la historia del hombre de este continente, a “nuestra” historia.

No obstante lo cual, debe reconocerse que el actual sistema político de EE.UU. es imperial y opresivo y, en esta transición histórica, inaceptable desde todo punto de vista. Un tema para pensar, porque ‘defender la historia del continente desde el ingreso del hombre al presente no es defender el sistema político-económico de los yanquis actuales, sino que simplemente es asumir “nuestra” historia continental que, casualmente, empezó y siguió durante miles de años desde el norte’. Podemos respetar la decisión de algunos historiadores y ensayistas de utilizar el adjetivo ‘latino’ sugiriendo con ello que no estamos de acuerdo con el actual sistema imperial de EE.UU., pero ciertamente es un error, sobre todo utilizarlo con mayúscula (Latina o Sajona) porque no es nombre del continente sino adjetivo ‘posesivo’ (si bien gramaticalmente no lo es) que denota, por su origen e intención, voluntad o conciencia de ‘paternidad’ o apropiación en el que lo inventa y promueve. Tema ‘jugoso’ para discutir ¿no les parece?

Febrero 11, 2010

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