Por Fortunato Calderón, Paraná
Artículo aparecido en AIM

CULTURA Y ECONOMÍA/ LA UNESCO Y LA MUNICIPALIDAD URUGUAYENSE

¿Cuánto cuesta la manzana de la terminal de ómnibus de Concepción del Uruguay? ¿Cuánto la media manzana del microcentro donde funcionó el mercado municipal? Se puede cuantificar y para los que no conciben más valor que el que encierra la cantidad está todo dicho: solo falta concretar el negocio, “ir a los bifes”. Si es necesario con algún grado de escándalo, como aconteció cuando el concejo deliberante uruguayense aprobó la transferencia de esos bienes materiales a una empresa privada con mucho peso en el gobierno.
Los bienes culturales son de otra índole, son intangibles como nos recuerda la Unesco, y por eso no tienen cotización en el mercado, salvo cuando se convierten en materia de especulación financiera.
No les interesan a los empresarios en la medida en que no puedan hacer de ellos objetos de consumo masivo como han hecho con cierta música, por ejemplo, pero sí interesan a las personas algo diferentes que aprecian lo que vale el legado de las generaciones pasadas, lo que hicieron para nosotros y que nosotros usamos sin darnos cuenta casi, a veces para destruirlos con desaprensión y negligencia o con avaricia sin disimulo.
Los polìticos, si fueran lo que debieran ser, arbitrarían en casos en que los bienes culturales entren en conflicto con los bienes económicos, muy frecuentes en nuestra sociedad cada vez más materializada, y le darían a cada cual lo suyo.
Pero no es así en Concepción del Uruguay por lo menos, donde el museo indígena Yuchán, producto del trabajo sin retribución de dos décadas de Juan José Rossi, destacado historiador del pasado de América, profesor de la Uader, fue desalojado en dos días por una orden telefónica inapelable del intendente Mauricio Bisogni, que lejos de arbitrar volcó el peso político de que lo invistió el pueblo, creador y sostenedor de los bienes culturales, a favorecer a empresarios capaces de ver muy bien los negocios y que actuar sugiriendo desde las sombras mejor que a la luz del día.

Cómo ve las cosas la Unesco
La Unesco considera que el concepto de patrimonio cultural intangible engloba lo más importante de la cultura viva y de la tradición, con manifestaciones amplias y diversas referidas a la lengua, a las tradiciones orales, al saber tradicional, a la creación de la cultura material, a los valores y a las artes interpretativas.
Salvo en el gobierno de Concepción del Uruguay por lo menos, y en los empresarios que susurran en sus oídos, existe una sensibilización cada vez mayor respecto de la identidad étnica, la misma sobre la que ilustra el “desalojado” museo Yuchán, que se quedó sin casa porque la especulación con terrenos y con máquinas tragamonedas la necesita y porque en la serie de movimientos y mudanzas inútiles a que dio lugar el deseo de favorecer a una empresa lo último que tuvieron en cuenta es lo que más vale. “Por sus frutos los conoceréis”.
En numerosos países, nos dice la Unesco, ha aumentado la sensibilización respecto a la necesidad de salvaguardar y promover las formas singulares de expresión cultural. Las mismas que ilustra el museo Yuchán. Por ahora las autoridades uruguayenses tienen las manos sensibles a los contenidos empresariales, pero habrá que confiar en que la nueva sensibilidad por los valores culturales y las expresiones étnicas les llegue también a ellos, aunque posiblemente sea tarde.
La Unesco entiende que para salvaguardar el patrimonio cultural por supuesto no hay que desalojar los museos etnográficos para instalar máquinas tragamonedas, como se hubiera hecho sin ninguna mala conciencia en tiempos del “aggiornamento” neoliberal pleno en la Argentina. Se hace ahora en tiempos de neoliberalismo con disfraz nacional y popular pero con orejas de burro especulador a la vista.
Los dos principales planteamientos respecto a la salvaguardia del patrimonio cultural intangible consisten en transformar éste en una forma tangible y mantenerlo vivo en su contexto original.
El primero exige la realización de tareas de documentación, registro y archivo y su objetivo es garantizar la existencia perpetua de este tipo de patrimonio, tal como hace y hará mientras se lo permitan el museo Yuchán. Hoy sus piezas están amontonadas en la casa del profesor Rossi, que no quiere dejarlas morir definitivamente, lo que ocurrirá cuando ya los niños de las escuelas no puedan preguntar por ellas ni asombrarse ante lo que fueron capaces de hacer los indigenas que vivieron donde ahora viven ellos.
“Si Homero no hubiese escrito la Ilíada unos cuatro siglos después de que acaecieran los hechos históricos, no habríamos conocido nunca las batallas legendarias en las que lucharon los personajes heroicos de la guerra de Troya y los tesoros de Micenas. Si un día los negocios desplazaran y desalojaran totalmente a los museos, y la contaminación, la tala y la destrucción de la naturaleza dejara sin hábitat a los pueblos originarios que resisten, para nosotros habrá una Iliada borrada intencionalmente, que se tragará el olvido.
A fin de revitalizar las culturas populares tradicionales, la Unesco anima a los gobiernos a incentivar a los grupos culturales, las comunidades locales y los profesionales de la cultura inmaterial en forma de reconocimientos oficiales. El reconocimiento para el profesor Rossi no ha sido ciertamente el que recomienda la Unesco, pero es posible que el gobierno municipal uruguayense esté desanimado y haya que revitalizarla por otra vía que no sea la empresarial
El punto de vista de la Unesco tiene un punto que vale la pena mencionar, porque hace parecer una burla trágica la actitud de esta dirigencia políticoempresarial que la culta “histórica” ha permitido que la gobierne: “La promoción de la diversidad cultural refuerza el respeto mutuo, la inclusión y la no discriminación”, y no la desdeñosa falta de respeto, el desalojo y la discriminación a favor del lucro que está tan a la visita en este caso.

Nada que ver
Hasta ahora el desalojado museo Yuchán aparece en el sitio de internet “argentinaparaver” como una de las cosas para ver en Concepción del Uruguay. Desde ahora, lamentablemente, como lo que “había que ver” y se perdieron los que llegaron demasidado tarde para la ejecutividad en algunos rubros de interés para las autoridades.
Podrán consolarse probando suerte en las maquinitas, que no son producto de las culturas originarias, pero sí un negocio sin par ante el cual, para la usura, todo debe ceder. Esas máquinas, que nunca pierden, están hechas para reforzar la compulsión de jugar de algunas personas enfermas y provocarla en las que no la padecen. Se pretende anular alguna resistencia que todavía tengan con el argumento de que sus apuestas irán a obras sociales a cargo del Estado. Pero ante todo si alguien desea contribuir con los que lo necesitan, debe hacerlo libremente, por propia voluntad, y no como compensación ilusoria de ninguna compulsión.

Ni cultura ni economía: negocios
Otra visión también en boga trata de vincular los bienes intangibles con los tangibles para que fructifiquen mutuamente, considerando incontenible la mentalidad mercantil y consumista: “Ahora que la cultura está en vías de transformarse en un importante motor de la economía, el desarrollo y la promoción de industrias culturales competitivas en todos los países, resulta imperativo para prevenir los riesgos de la “monocultura” que amenaza la diversidad, ese capital global que la comunidad internacional tiene el deber de hacer fructificar, no sólo por razones económicas, sino también debido a imperativos éticos de equidad y justicia”.
“La adopción de reglas del juego globales que respeten la libre circulación de las ideas a través de la palabra y la imagen pero que también tengan en cuenta los principios fundamentales de un comercio armonioso en cuanto al acceso, la diversidad y la competitividad de los productos, constituiría un entorno favorable para la expansión de la diversidad creadora, la libre elección entre una oferta cultural plural y el desarrollo del pensamiento crítico; permitiría crear las condiciones necesarias para un debate plural y fecundo sobre el futuro de las sociedades y de las culturas, que es la base del pluralismo democrático”.
No en Concepción del Uruguay, la “histórica”, recomendada por sus bienes culturales, la patria del Colegio, de la Fraternidad, la cuna del federalismo con el congreso de Oriente. Por ahora medran allí solo los intereses de empresarios influyentes y para el resto, tienen preparado el desalojo. La ciudad sigue perdiendo su patrimonio intangible.

Paños tibios
Algunos días después del cierre, el subsecretario de Cultura, Roberto Romani, se comunicó con el profesor Rossi después de hablar con Bisogoni. Para el intendente “no pasa nada”, no hay problemas (en realidad para él, el problema era el museo que ya “no hay”) porque las colecciones que hoy se amontonan en el living de la casa de Rossi serán instalados en el edificio del Correo. En realidad, ese edificio histórico no estará reparado hasta dentro de dos años, debido al estado ruinoso en que se encuentra. Y para ese entonces, Bisogni, que nunca recibió al director del museo Yuchán, no estará el el gobierno municipal.

Las etapas de la historia
Rossi, autor de 40 libros sobre la historia de América, había firmado en octubre de 2003 un comodato con el ex intendente José Lauritto, hoy vicegobernador, para trasladar el museo del lugar donde estaba, a ocho kilómetros del centro de la ciudad, a la casa vieja de la municipalidad, que se había trasladado a su edificio nuevo junto a la plaza Ramírez.
Pero luego se hizo la noche, vino Bisogni y Rossi no pudo hablar nunca con él para hacerle ver la importancia del museo. En lugar de recibirlo, Bisogni se entendió bien con los empresarios que obtuvieron la manzana de la terminal y la media manzana del mercado para sus fines.
Como consecuencia, fue necesaria una serie de “corrimientos” y mudanzas, por ejemplo los artesanos que habían recuperado el mercado deben ir a parar a la vieja casa de Urquiza, donde funciona el Correo. El Correo, una empresa privada que tiene recursos de sobra para construirse su edificio, irá a la casa vieja de la municipalidad, que será refaccionada con ese fin. Y el museo Yuchán, que estaba en esta casa, irá donde pueda, no interesa. Total, “no hay problemas, está todo resuelto”
La historia de la indiferencia, del ninguneo y de las preferencias claras, casi lo único verdaderamente claro en todo esto, la dio el propio intendente cuando no quiso renovar el comodato para que el museo siga abierto donde funcionaba. Para dar una muestra de esta tenebrosa claridad, la municipalidad le quitó al museo una de sus mejores salas, donde estaba la biblioteca, y la arrinconó en un lugar donde no podía funcionar.
La palabra de Rossi es “desprecio”, no a él, a quien maltrataron a sus 79 años personajes de la política local que en el fondo no lo pueden afectar, sino a la cultura, a los valores que verdaderamente valen, a las cosas que se mantienen cuanto el resto vacila, lo que reaparece vivo cada vez que la resaca baja.

La claridad política
La lógica de los negocios que inspira a las autoridades está clara: la municipalidad refaccionará la casa donde funcionó el museo para que en tres meses pueda empesar a funcionar allí el correo, que es una empresa comercial que maneja plata como un banco. El museo, que no es comercial, no tiene donde ir, pero “tiene todo resuelto”, al parecer con su desaparición.
La síntesis la dio el propio Rossi: se trata de un sistema perverso que subordina todo a la ganancia. Así es, sobre todo desde que el interés especulativo está por encima de cualquier otro cada vez más, pero la finalidad de la política es el bien común y no la ganancia. El bien común reclama vida para el museo, continuidad de las tradiciones, respeto por los mayores, seguridad en la aplicación de las normas. Todo eso clama al cielo ¿de Concepción del Uruguay solamente?

¿Qué se pierde con el Yuchán?
A cambio de máquinas tragamonedas, Concepción del Uruguay perderá con el museo Yuchán una muestra etnográfica de los diferentes pueblos aborígenes de la Argentina; información acerca de aquellas culturas que lograron sobrevivir a pesar de la irrupción foránea y del actual contexto socio político y religioso adverso; una visión actualizada de sus orígenes y componentes más remotos; crítica implícita al enfoque y práctica historiográfica impuesta por Europa y aceptada acríticamente por el sistema educativo.
Como indicaba el sitio del profesor Rossi en internet, la estructura y contenidos del Museo parten de dos presupuestos básicos y obvios:
-En nuestro continente en realidad nunca hubo “indios”. Sólo habitantes, es decir, “hombres” como los europeos, africanos y asiáticos pero “con costumbres y estilos de vida diferentes”.
-Las culturas nativas de origen prehispánico, presentes en varias provincias argentinas, aunque muchos las desconozcan o no le presten atención, no surgieron por generación espontánea o como consecuencia del impropiamente denominado “descubrimiento”, sino que ellas constituyen el resultado de un proceso original y milenario tan legítimo como el de los demás continentes.

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Uno Entre RiosPara el investigador Juan José Rossi, el invasor del continente americano impuso hace siglos divisiones que todavía sostenemos con candidez (hasta en las aulas) y sirven al imperialismo.

Durante el Congreso de Derechos Humanos desarrollado esta semana por la Central de Trabajadores Argentinos –CTA- en la sede del sindicato Agmer, con presencia de militantes de varios países, el historiador Juan José Rossi presentó nuevas miradas en torno de los pueblos originarios de Nuestra América y, lo dijo: con ánimo de llamar a la reflexión, y hasta provocar polémica.

Nota de Daniel Tirso Fiorotto / Redacción Diario Uno, sobre la presentación de Juan José Rossi, publicada completa a continuación, en exclusiva, para los lectores del sitio web.

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Finalizó el Curso de capacitación docente dictado por el Prof. Rossi y organizado a nivel provincial por AGMER CENTRAL con un altísimo nivel de participación.

El Curso Taller “Historia, Cultura y Presencia de las Culturas Originarias de la Argentina en el contexto actual de la historia americana” se desarrolló en toda la provincia, con más de 500 docentes inscriptos. Se trata de un curso taler de 60 horas cátedra, organizado por la Secretaría de DD. HH, Capacitación Sindical y Perfeccionamiento Docente de AGMER y el Museo Yuchán en convenio con el CGE y con puntaje para los distintos niveles de la educación (Resolución 2967).

La cantidad de participantes da la pauta del interés que genera el tema entre nuestros compañeros, justamente en una propuesta que trabaja mucho la posibilidad de aprehender nuevos conocimientos desde enfoques también nuevos, como herramienta para trabajar en la escuela. Nuestra apuesta es, una vez más, contribuir a la apropiación del currículum para un conocimiento emancipatorio.

El curso que dictó el profesor Juan José Rossi comenzó en septiembre de 2009 y finalizó en mayo de 2010. En total se realizaron 16 encuentros, cuatro para cada una de las sedes en las que se dividió a la provincia y que permitió involucrar a compañeros de toda la provincia.

Desde la Secretaría de DD.HH, Capacitación Sindical y Perfeccionamiento Docente se hizo un acompañamiento permanente, para garantizar que cada docente involucrado pudiera participar en todas las instancias, trasladándose al departamento sede en cada caso. Asimismo, el área editó tres cuadernillos de trabajo para los cursantes, material que acompañó los distintos módulos del curso.

También el trabajo de las seccionales fue clave para llegar a buen puerto. Hoy celebramos haber finalizado este curso, con un alcance tan importante en cuanto a cobertura geográfica y cantidad de docentes participantes.

“No va a ser fácil reencontrarnos con la savia de este continente”

“Respecto de la historia de nuestro continente asumimos “un eje distorsionado”, un corrimiento que nos lleva a estudiar ─y enseñar─ que nuestra historia comienza con el inicio de la invasión europea. De ese modo se oculta “toda la riqueza del devenir humano de este continente”.

Así sintetiza Juan José Rossi el nudo de la propuesta que desarrolló durante 60 horas cátedra ante más de 500 docentes que participaron del curso taller “Historia, cultura y presencia de las culturas originarias…”.

Radicado en Concepción del Uruguay, el profesor Juan José Rossi lleva décadas de un concienzudo trabajo de investigación y formación en torno a las culturas originarias de América. Su pasión por el tema lo ha llevado a crear dos museos en Entre Ríos y a dictar centenares de cursos de formación. A propuesta de AGMER estuvo a cargo del seminario “Historia, cultura y presencia de las culturas originarias de Argentina en el contexto actual de la historia americana”, organizado por la Secretaría de Derechos Humanos y Capacitación Sindical de AGMER en convenio con el CGE.
En entrevista con el Secretario de Prensa, Rossi aceptó recorrer los ejes centrales del taller, valorar cómo reciben los docentes su provocadora propuesta, las posibilidades de transformación y apropiación del currículum. Abordó también cuestiones de actualidad, como el novedoso proceso político de Bolivia. Justamente, ésa es la visión con que la instancia de formación se ha venido desarrollando: reconocer cómo opera en nuestro presente una historia milenaria.

¿Cuáles son en líneas generales las nociones más importantes sobre las que trabaja en el taller?

Dentro de los objetivos que nos hemos propuesto apuntamos a la identidad individual y colectiva de los nacidos aquí. No hablo de argentinos, criollos o de gauchos; ni de seudo-inmigrantes o ’indios’… sino de los nacidos aquí. Porque estamos acostumbrados a que un sector de nuestra sociedad todavía tenga un pie en Europa y otro, o ninguno, en nuestra tierra. Por ese motivo generalmente suele decirse que no tenemos identidad, que somos un pueblo joven. En la práctica del sistema a ‘nuestra historia’ se la empieza a partir de la llegada fortuita de Colón. Ahora bien, pensemos: ¿qué son 518 años de invasión europea frente a los 40.000 años que tiene la historia del Hombre en nuestro continente? ¡Prácticamente nada!, aún cuando nos hayan hecho creer lo contrario.
La solución pasa por abrir los ojos a la realidad y por eso estamos aquí con los docentes. No abrir los ojos a libros escritos con los parámetros filosóficos e históricos occidentales sino a la realidad misma de 40.000 años de historia humana continental. Si uno se fija en la historia de los demás continentes, en ninguno su proceso empieza con alguna invasión sino por y con la llegada del Hombre a ese lugar. Para nosotros, lo importante es no asumir este largo período de presencia del Hombre en América como un apéndice o anécdota prescindible y aislada, como algo que no es asumible como parte vertebral de nuestra historia.

Desde su visión ¿cuál es la síntesis que se busca: el reconocimiento de las culturas originarias o además plantear la convivencia con ellas?

Ambas cosas; pero va más allá. La propuesta se orienta al reconocimiento de nuestra historia en su totalidad temporal y espacial, lo cual implica que estas culturas reconocidas por nosotros pasan a ser testigos de nuestra propia Historia, no la de ellos solamente. En realidad no hay de ‘ellos’ y de ‘nosotros’, como si se tratara de dos historia paralelas; HAY HISTORIA DEL HOMBRE. En tanto las culturas originarias ─o, más exactamente, ‘anteriores al ingreso de los europeos’─ arrastran lo más legítimo de nuestra historia remota, más aún son el producto genuino que continúa hasta el presente, son testigos privilegiados. Nuestra intención, más que tomarlas como culturas indígenas o de pueblos originarios, es asumirlas como testigos de de nuestra historia, por otra parte, lo hacen los europeos con sus latinos, celtas, galos, griegos y romanos. Ellos no los consideran ajenos a su realidad, como a otra especie. Al contrario, los ven como la base de su propia cultura. Obviamente que para la población continental que vive la ficción de que somos europeos, esto es difícil de entender y asumir. Ahora bien, en el curso no nos orientamos a desmerecer o negar la cultura europea, sino a aceptar que nuestra historia va mucho más allá de la llegada casual e invasora de los europeos.

Esto que se plantea como un cambio de enfoque y que representa un cambio cultural por lo cual debería ser parte de la propuesta del sistema educativo ¿está presente en las currículas actuales?

No, ni el enfoque ni el contenido de la historia continental. Últimamente lo que está presente en la currícula es un poco más de atención a ciertas culturas que ahora, casi como una moda, llaman ‘aborígenes’ u ‘originarias’ mientras el eje de la historia sigue tan curvado como antes. Sí creo, por ejemplo, que han desterrado (no del todo) el término indio o indígena, pero el sistema sigue considerando a estas culturas no como testigos de nuestra historia remota, sino como historia de ellos en la que nosotros no estamos involucrados. Es como si fuera sólo un deber o favor el conocerlas y observarlas desde afuera, como quien estudia a los kanuri, katacoli, zulu o bosquimano de África.

En el caso de los docentes comprometidos con la construcción de la identidad de nuestro pueblo, su acción estaría vinculada con asumir estos ejes en sus planificaciones. ¿Además de la disciplina histórica, desde qué otros espacios curriculares se podrían abordar?

En todo el sistema… incluso hasta en matemática. Varios años he estudiado en Europa y conozco su sistema educativo. Para Europa existe una sola Historia que impregna todo su sistema, realizan todo el recorrido curricular reconociendo lo que hay a su alrededor: Medio Oriente, Asia, África, desde miles de años atrás. Elaboran su historia con todo lo que sucedió en su territorio, en ese sentido no es menos el celta o griego antiguos que el francés o italiano actual, ni el griego actual más que el griego clásico; todo es parte de su historia. Y desde ahí, como en abanico, dándole un enfoque unitario y profundo explayan todo el contenido de las asignaturas que comprende el sistema: Geografía, Matemática, Derechos Humanos, Filosofía, etc., y, por supuesto, la Historia propiamente dicha.
Ahora bien, si analizamos con seriedad el contenido de nuestra enseñanza podemos apreciar ─aunque esto es difícil de aceptar por quienes todavía se consideran ‘occidentales’─ en nuestro sistema que la Historia y la Filosofía del contenido curricular no son Historia o Filosofía americana, emergentes de este continente, sino del invasor. No digo que haya que cambiar en 180 grados los contenidos impuestos durante casi 500 años, pero ciertamente hay que abrir los ojos y recuperar sin prejuicios filosóficos y epistemológicos toda nuestra historia. Mientras no demos este paso, que es lo que estamos haciendo en este curso, seguiremos de la misma manera. Por decreto no podemos cambiarlo, sería incluso contraproducente. ¿De qué serviría cambiar por decreto el enfoque si no sabemos en qué consiste? Hoy todavía veo en las escuelas, con algunas excepciones, que tanto en Filosofía como en Historia todos empiezan por Europa, espontáneamente. No proponen una alternativa, más allá de que en general se reconoce que el sistema, tal cual nos envuelve, es insuficiente. Entonces, hoy se ‘estudian’ algunas culturas ‘indígenas’ u ‘originarias’ pero ¿quién se refiere a la Filosofía de los olmecas, de los mayas, de los incas o de los mapuche, no sólo en sí mismas sino como ‘nuestras’? En cambio sí asumimos como nuestra a la Filosofía occidental que, por ejemplo, tiene como principio básico de su estilo de vida el patrimonio la propiedad privada de la tierra y que colisiona con el pensamiento tradicional de este continente al considerar que nosotros somos de la tierra, no la tierra del hombre. El problema es más epistemológico que curricular. Debe cambiarse el enfoque de la ciencia histórica y, sin negar el ingreso y despliegue invasor de Europa, empezar por el hombre de acá que ingresa hace 40.000 años. No es que Garay no sea Historia, pero no la empezó é y no es más historia que todo lo anteriorl. Ahí está la equivocación.

Con 20 años de trabajo en nuestra provincia difundiendo su propuesta, ¿qué cambios puede apreciar en la percepción de docentes, alumnos y entrerrianos en general sobre este tema?
A nivel del conocimiento hay un gran avance. A lo largo de estos años más de 5.000 docentes han participado de mis cursos. Es bastante. Siempre con una línea clara y con una respuesta espectacular. En este curso de AGMER son casi 600 alumnos. Hay una expectativa muy grande y una respuesta de igual magnitud. Por más que tengan dudas, los puentes de conocimiento que tiendo son atravesados por ellos y en algunos casos incluso con objeciones. La confrontación es siempre positiva para pensar por uno mismo Pero falta todavía. Y es natural, porque el sistema y el imaginario colectivo que éste ha creado es casi impenetrable. Todavía hay mucho miedo de brindar en el aula una visión de la historia como es y como fue, milenaria, fecunda, libre y propia. Estamos atados a lo que dice la currícula. Un ejemplo típico es que para el sistema los aborígenes ocupan uno, dos o tres módulos, estableciendo dos historias paralelas o una separación como la del agua y el aceite cuando se juntan y no como una continuidad profunda, la que brinda un mismo protagonista, el hombre de todos los tiempos,.

¿Cómo es la relación en nuestra sociedad con los grupos originarios en estos momentos?

Por un lado hay mucho paternalismo, asistencialismo y confusión respecto de la relación que debería haber. Es decir, se los tiene como indios todavía, como pobrecitos a los que hay que ayudar, con una relación de superioridad. Creemos que ‘nosotros’ (¿quiénes somos ‘nosotros’?) tenemos todo para darles y ellos nada. Por eso insisto en el curso en que en nuestra tierra no hay indios, criollos o europeos. Hay pueblos y personas que tenemos estilos y costumbres diferentes y una sola historia, no la de ellos y la nuestra.

¿En ese caso el intento de ayuda puede ser equivocado?

Toda ayuda asistencial es equivocada, en cualquier orden, no solamente con los pueblos nativos. Generalmente la ayuda tiene motivaciones políticas o interesadas, pero desde el sistema en que vivimos es muy difícil entenderlo porque el individualismo y el sálvese quien pueda es una convicción muy profunda cuyo origen no es de esta tierra sino del capitalismo perverso.

¿El proceso político boliviano, en donde una mayoría originaria ha llegado al poder, representa una avanzada de un movimiento de los pueblos originarios en toda América?

Sí, es parte de un mismo movimiento. Pero en Bolivia socialmente hay una diferencia enorme que hizo posible que ellos lo hicieran y está fundada en la cantidad de población con filosofía de vida milenaria de este continente: son 6 millones o más de habitantes que votan una filosofía, no que votan a Evo; que votan un estilo de vida; que votan, por ejemplo, la propiedad colectiva o sea la no propiedad individual de la tierra. Además, Evo Morales ─que no es representante de los indígenas sino de la cultura tradicional de América─ tuvo la sabiduría de poner como vicepresidente y ministros a criollos, inclusive de mentalidad más occidental que nativa. Realmente creo que hay que mirar en perspectiva, estamos en un proceso y el continente, si bien tiene una sola historia, ha sufrido por 500 años la parcelación, la discriminación y el dominio de Europa. No va a ser fácil reencontrarnos con la savia de este continente, nos va a llevar a actitudes y decisiones muy diferentes y duras, difíciles de digerir.

¿Hasta ahora lo que expresa la letra de León Gieco sobre “cinco siglos igual” permanece incólume?

En cierta forma sí, pero está resquebrajándose. En nuestro continente esta transición es subyacente, todavía muy por debajo de lo aparente, excepto en Bolivia, Ecuador y un poco en Perú en la zona de la alta montaña (Cusco, Ayacucho, etc.), pero mansamente y con fuerza va aflorando la sabia de la historia y cultura milenaria. Es cierto, la invasión ha sido como un alud sobre el torrente histórico continental. Es como si por los ríos Paraná y Uruguay corriera ese torrente y en un determinado momento el alud se precipita y enloda sus aguas y las embarrara y luego, lentamente, el tiempo las fuera sedimentando, retomando nuevamente el torrente su curso, enriquecido incluso por ese barro. En ese punto estamos nosotros.

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por Alicia Dujovne Ortiz
Para LA NACION
Lunes 16 de agosto de 2010 | Publicado en edición impresa

En 1850, el Almirante Brown, ya retirado del almirantazgo, traía esclavos a Buenos Aires.



Las raíces africanas de la Argentina

Días antes del último 25 de Mayo, tuvo lugar una celebración de características particulares, a la que muchos coincidimos en llamar patriótica. El escenario de la fiesta fue la Casa de Gardel, que nos miraba desde su retrato entrecerrando los ojos bajo el ala del sombrero. Una fiesta con sorpresas, organizada por el joven antropólogo y musicólogo Pablo Cirio, un investigador apasionado y, por ende, intolerante, siempre dispuesto a luchar en defensa de su exclusiva y excluyente pasión: los negros de la Argentina. A mí me tocaba participar una vez más en la presentación de un libro de mi difunto tío, Néstor Ortiz Oderigo, Latitudes africanas del tango , escrito en 1988 y publicado por la editorial de la Universidad de Tres de Febrero, que desde 2007 se viene ocupando de la edición de la obra póstuma de ese otro apasionado antropólogo africanista que fue el hermano de mi madre.

Aunque el haber frecuentado a Néstor y padecido sus rabietas antirracistas me permitiera comprender las pataletas de Pablo, todas de la misma índole, no dejaba de temer por eso que alguna inconsciente metida de pata volviera a ponerme en el banquillo de los acusados, tal como ya había sucedido cuando, durante la presentación del segundo de estos libros en la Feria del Libro, anuncié alegremente la llegada de los tambores africanos y Pablo me fulminó con un “no son africanos, Alicia; son afroargentinos. Si alguien viniera a tocar el bandoneón, ¿anunciarías una música alemana?”.

Por suerte, la noche del 21 transcurrió en paz y en compañía. Tras las palabras de la profesora Dina Picotti, a la que se le debe la idea de publicar esta obra que vegetaba inédita en un cajón, y las de Pablo Cirio, que se refirió a Ortiz Oderigo como a un visionario que “nos enseñó a pensar en tres”, vale decir, a considerar los orígenes blancos, negros y aborígenes de la cultura argentina —y que, por eso mismo, debió enfrentar la incomprensión de su tiempo—, volví a contar la historia de mi tío.

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