Finalizó el Curso de capacitación docente dictado por el Prof. Rossi y organizado a nivel provincial por AGMER CENTRAL con un altísimo nivel de participación.

El Curso Taller “Historia, Cultura y Presencia de las Culturas Originarias de la Argentina en el contexto actual de la historia americana” se desarrolló en toda la provincia, con más de 500 docentes inscriptos. Se trata de un curso taler de 60 horas cátedra, organizado por la Secretaría de DD. HH, Capacitación Sindical y Perfeccionamiento Docente de AGMER y el Museo Yuchán en convenio con el CGE y con puntaje para los distintos niveles de la educación (Resolución 2967).

La cantidad de participantes da la pauta del interés que genera el tema entre nuestros compañeros, justamente en una propuesta que trabaja mucho la posibilidad de aprehender nuevos conocimientos desde enfoques también nuevos, como herramienta para trabajar en la escuela. Nuestra apuesta es, una vez más, contribuir a la apropiación del currículum para un conocimiento emancipatorio.

El curso que dictó el profesor Juan José Rossi comenzó en septiembre de 2009 y finalizó en mayo de 2010. En total se realizaron 16 encuentros, cuatro para cada una de las sedes en las que se dividió a la provincia y que permitió involucrar a compañeros de toda la provincia.

Desde la Secretaría de DD.HH, Capacitación Sindical y Perfeccionamiento Docente se hizo un acompañamiento permanente, para garantizar que cada docente involucrado pudiera participar en todas las instancias, trasladándose al departamento sede en cada caso. Asimismo, el área editó tres cuadernillos de trabajo para los cursantes, material que acompañó los distintos módulos del curso.

También el trabajo de las seccionales fue clave para llegar a buen puerto. Hoy celebramos haber finalizado este curso, con un alcance tan importante en cuanto a cobertura geográfica y cantidad de docentes participantes.

“No va a ser fácil reencontrarnos con la savia de este continente”

“Respecto de la historia de nuestro continente asumimos “un eje distorsionado”, un corrimiento que nos lleva a estudiar ─y enseñar─ que nuestra historia comienza con el inicio de la invasión europea. De ese modo se oculta “toda la riqueza del devenir humano de este continente”.

Así sintetiza Juan José Rossi el nudo de la propuesta que desarrolló durante 60 horas cátedra ante más de 500 docentes que participaron del curso taller “Historia, cultura y presencia de las culturas originarias…”.

Radicado en Concepción del Uruguay, el profesor Juan José Rossi lleva décadas de un concienzudo trabajo de investigación y formación en torno a las culturas originarias de América. Su pasión por el tema lo ha llevado a crear dos museos en Entre Ríos y a dictar centenares de cursos de formación. A propuesta de AGMER estuvo a cargo del seminario “Historia, cultura y presencia de las culturas originarias de Argentina en el contexto actual de la historia americana”, organizado por la Secretaría de Derechos Humanos y Capacitación Sindical de AGMER en convenio con el CGE.
En entrevista con el Secretario de Prensa, Rossi aceptó recorrer los ejes centrales del taller, valorar cómo reciben los docentes su provocadora propuesta, las posibilidades de transformación y apropiación del currículum. Abordó también cuestiones de actualidad, como el novedoso proceso político de Bolivia. Justamente, ésa es la visión con que la instancia de formación se ha venido desarrollando: reconocer cómo opera en nuestro presente una historia milenaria.

¿Cuáles son en líneas generales las nociones más importantes sobre las que trabaja en el taller?

Dentro de los objetivos que nos hemos propuesto apuntamos a la identidad individual y colectiva de los nacidos aquí. No hablo de argentinos, criollos o de gauchos; ni de seudo-inmigrantes o ’indios’… sino de los nacidos aquí. Porque estamos acostumbrados a que un sector de nuestra sociedad todavía tenga un pie en Europa y otro, o ninguno, en nuestra tierra. Por ese motivo generalmente suele decirse que no tenemos identidad, que somos un pueblo joven. En la práctica del sistema a ‘nuestra historia’ se la empieza a partir de la llegada fortuita de Colón. Ahora bien, pensemos: ¿qué son 518 años de invasión europea frente a los 40.000 años que tiene la historia del Hombre en nuestro continente? ¡Prácticamente nada!, aún cuando nos hayan hecho creer lo contrario.
La solución pasa por abrir los ojos a la realidad y por eso estamos aquí con los docentes. No abrir los ojos a libros escritos con los parámetros filosóficos e históricos occidentales sino a la realidad misma de 40.000 años de historia humana continental. Si uno se fija en la historia de los demás continentes, en ninguno su proceso empieza con alguna invasión sino por y con la llegada del Hombre a ese lugar. Para nosotros, lo importante es no asumir este largo período de presencia del Hombre en América como un apéndice o anécdota prescindible y aislada, como algo que no es asumible como parte vertebral de nuestra historia.

Desde su visión ¿cuál es la síntesis que se busca: el reconocimiento de las culturas originarias o además plantear la convivencia con ellas?

Ambas cosas; pero va más allá. La propuesta se orienta al reconocimiento de nuestra historia en su totalidad temporal y espacial, lo cual implica que estas culturas reconocidas por nosotros pasan a ser testigos de nuestra propia Historia, no la de ellos solamente. En realidad no hay de ‘ellos’ y de ‘nosotros’, como si se tratara de dos historia paralelas; HAY HISTORIA DEL HOMBRE. En tanto las culturas originarias ─o, más exactamente, ‘anteriores al ingreso de los europeos’─ arrastran lo más legítimo de nuestra historia remota, más aún son el producto genuino que continúa hasta el presente, son testigos privilegiados. Nuestra intención, más que tomarlas como culturas indígenas o de pueblos originarios, es asumirlas como testigos de de nuestra historia, por otra parte, lo hacen los europeos con sus latinos, celtas, galos, griegos y romanos. Ellos no los consideran ajenos a su realidad, como a otra especie. Al contrario, los ven como la base de su propia cultura. Obviamente que para la población continental que vive la ficción de que somos europeos, esto es difícil de entender y asumir. Ahora bien, en el curso no nos orientamos a desmerecer o negar la cultura europea, sino a aceptar que nuestra historia va mucho más allá de la llegada casual e invasora de los europeos.

Esto que se plantea como un cambio de enfoque y que representa un cambio cultural por lo cual debería ser parte de la propuesta del sistema educativo ¿está presente en las currículas actuales?

No, ni el enfoque ni el contenido de la historia continental. Últimamente lo que está presente en la currícula es un poco más de atención a ciertas culturas que ahora, casi como una moda, llaman ‘aborígenes’ u ‘originarias’ mientras el eje de la historia sigue tan curvado como antes. Sí creo, por ejemplo, que han desterrado (no del todo) el término indio o indígena, pero el sistema sigue considerando a estas culturas no como testigos de nuestra historia remota, sino como historia de ellos en la que nosotros no estamos involucrados. Es como si fuera sólo un deber o favor el conocerlas y observarlas desde afuera, como quien estudia a los kanuri, katacoli, zulu o bosquimano de África.

En el caso de los docentes comprometidos con la construcción de la identidad de nuestro pueblo, su acción estaría vinculada con asumir estos ejes en sus planificaciones. ¿Además de la disciplina histórica, desde qué otros espacios curriculares se podrían abordar?

En todo el sistema… incluso hasta en matemática. Varios años he estudiado en Europa y conozco su sistema educativo. Para Europa existe una sola Historia que impregna todo su sistema, realizan todo el recorrido curricular reconociendo lo que hay a su alrededor: Medio Oriente, Asia, África, desde miles de años atrás. Elaboran su historia con todo lo que sucedió en su territorio, en ese sentido no es menos el celta o griego antiguos que el francés o italiano actual, ni el griego actual más que el griego clásico; todo es parte de su historia. Y desde ahí, como en abanico, dándole un enfoque unitario y profundo explayan todo el contenido de las asignaturas que comprende el sistema: Geografía, Matemática, Derechos Humanos, Filosofía, etc., y, por supuesto, la Historia propiamente dicha.
Ahora bien, si analizamos con seriedad el contenido de nuestra enseñanza podemos apreciar ─aunque esto es difícil de aceptar por quienes todavía se consideran ‘occidentales’─ en nuestro sistema que la Historia y la Filosofía del contenido curricular no son Historia o Filosofía americana, emergentes de este continente, sino del invasor. No digo que haya que cambiar en 180 grados los contenidos impuestos durante casi 500 años, pero ciertamente hay que abrir los ojos y recuperar sin prejuicios filosóficos y epistemológicos toda nuestra historia. Mientras no demos este paso, que es lo que estamos haciendo en este curso, seguiremos de la misma manera. Por decreto no podemos cambiarlo, sería incluso contraproducente. ¿De qué serviría cambiar por decreto el enfoque si no sabemos en qué consiste? Hoy todavía veo en las escuelas, con algunas excepciones, que tanto en Filosofía como en Historia todos empiezan por Europa, espontáneamente. No proponen una alternativa, más allá de que en general se reconoce que el sistema, tal cual nos envuelve, es insuficiente. Entonces, hoy se ‘estudian’ algunas culturas ‘indígenas’ u ‘originarias’ pero ¿quién se refiere a la Filosofía de los olmecas, de los mayas, de los incas o de los mapuche, no sólo en sí mismas sino como ‘nuestras’? En cambio sí asumimos como nuestra a la Filosofía occidental que, por ejemplo, tiene como principio básico de su estilo de vida el patrimonio la propiedad privada de la tierra y que colisiona con el pensamiento tradicional de este continente al considerar que nosotros somos de la tierra, no la tierra del hombre. El problema es más epistemológico que curricular. Debe cambiarse el enfoque de la ciencia histórica y, sin negar el ingreso y despliegue invasor de Europa, empezar por el hombre de acá que ingresa hace 40.000 años. No es que Garay no sea Historia, pero no la empezó é y no es más historia que todo lo anteriorl. Ahí está la equivocación.

Con 20 años de trabajo en nuestra provincia difundiendo su propuesta, ¿qué cambios puede apreciar en la percepción de docentes, alumnos y entrerrianos en general sobre este tema?
A nivel del conocimiento hay un gran avance. A lo largo de estos años más de 5.000 docentes han participado de mis cursos. Es bastante. Siempre con una línea clara y con una respuesta espectacular. En este curso de AGMER son casi 600 alumnos. Hay una expectativa muy grande y una respuesta de igual magnitud. Por más que tengan dudas, los puentes de conocimiento que tiendo son atravesados por ellos y en algunos casos incluso con objeciones. La confrontación es siempre positiva para pensar por uno mismo Pero falta todavía. Y es natural, porque el sistema y el imaginario colectivo que éste ha creado es casi impenetrable. Todavía hay mucho miedo de brindar en el aula una visión de la historia como es y como fue, milenaria, fecunda, libre y propia. Estamos atados a lo que dice la currícula. Un ejemplo típico es que para el sistema los aborígenes ocupan uno, dos o tres módulos, estableciendo dos historias paralelas o una separación como la del agua y el aceite cuando se juntan y no como una continuidad profunda, la que brinda un mismo protagonista, el hombre de todos los tiempos,.

¿Cómo es la relación en nuestra sociedad con los grupos originarios en estos momentos?

Por un lado hay mucho paternalismo, asistencialismo y confusión respecto de la relación que debería haber. Es decir, se los tiene como indios todavía, como pobrecitos a los que hay que ayudar, con una relación de superioridad. Creemos que ‘nosotros’ (¿quiénes somos ‘nosotros’?) tenemos todo para darles y ellos nada. Por eso insisto en el curso en que en nuestra tierra no hay indios, criollos o europeos. Hay pueblos y personas que tenemos estilos y costumbres diferentes y una sola historia, no la de ellos y la nuestra.

¿En ese caso el intento de ayuda puede ser equivocado?

Toda ayuda asistencial es equivocada, en cualquier orden, no solamente con los pueblos nativos. Generalmente la ayuda tiene motivaciones políticas o interesadas, pero desde el sistema en que vivimos es muy difícil entenderlo porque el individualismo y el sálvese quien pueda es una convicción muy profunda cuyo origen no es de esta tierra sino del capitalismo perverso.

¿El proceso político boliviano, en donde una mayoría originaria ha llegado al poder, representa una avanzada de un movimiento de los pueblos originarios en toda América?

Sí, es parte de un mismo movimiento. Pero en Bolivia socialmente hay una diferencia enorme que hizo posible que ellos lo hicieran y está fundada en la cantidad de población con filosofía de vida milenaria de este continente: son 6 millones o más de habitantes que votan una filosofía, no que votan a Evo; que votan un estilo de vida; que votan, por ejemplo, la propiedad colectiva o sea la no propiedad individual de la tierra. Además, Evo Morales ─que no es representante de los indígenas sino de la cultura tradicional de América─ tuvo la sabiduría de poner como vicepresidente y ministros a criollos, inclusive de mentalidad más occidental que nativa. Realmente creo que hay que mirar en perspectiva, estamos en un proceso y el continente, si bien tiene una sola historia, ha sufrido por 500 años la parcelación, la discriminación y el dominio de Europa. No va a ser fácil reencontrarnos con la savia de este continente, nos va a llevar a actitudes y decisiones muy diferentes y duras, difíciles de digerir.

¿Hasta ahora lo que expresa la letra de León Gieco sobre “cinco siglos igual” permanece incólume?

En cierta forma sí, pero está resquebrajándose. En nuestro continente esta transición es subyacente, todavía muy por debajo de lo aparente, excepto en Bolivia, Ecuador y un poco en Perú en la zona de la alta montaña (Cusco, Ayacucho, etc.), pero mansamente y con fuerza va aflorando la sabia de la historia y cultura milenaria. Es cierto, la invasión ha sido como un alud sobre el torrente histórico continental. Es como si por los ríos Paraná y Uruguay corriera ese torrente y en un determinado momento el alud se precipita y enloda sus aguas y las embarrara y luego, lentamente, el tiempo las fuera sedimentando, retomando nuevamente el torrente su curso, enriquecido incluso por ese barro. En ese punto estamos nosotros.