Prof. Juan José Rossi

Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina, 2006

El 12 de octubre de 1492, tres naves con bandera de Castilla y Aragón recalaron accidentalmente en costas de las Bahamas en el Caribe. Lo que sucedió a partir de ese instante no fue “descubrimiento” ni “conquista” ―como suele llamarse a esa ‘hazaña’ comercial― sino el inicio de una auténtica invasión. El supuesto descubrimiento y posterior sometimiento, desde todo punto de vista ―filosófico, histórico, legal y religioso― constituyó una apropiación indebida y un despojo material y cultural del continente en exclusivo provecho del invasor y en desmedro absoluto de los nativos que no eran ‘indios’(porque no vivían en las Indias) ni ‘salvajes’ (por el hecho de tener estrategias de vida diferentes) sino seres humanos como cualquiera de nosotros y los mismos europeos.

Invasión basada en argumentos falaces, inconsistentes y perversos, a tal punto de negar a los habitantes de nuestro continente la identidad de personas…, justificaciones que aún persisten y nos impiden descorrer el denso velo que oculta las proezas de una historia local fecunda y milenaria.

Piense que los invadidos de ayer eran naciones pacíficas, sólidas, autosuficientes, con estilo propio, con sus defectos y virtudes y amantes de su terruño. No olvide que aquellos 70 o más millones de habitantes destruidos en nombre de una civilización y religión, tenían un respaldo histórico de más de 40.000 años. Y preste atención a que cada vez que se hace referencia a nuestra historia continental tan sólo se mencionan los últimos 500 años, es decir, un recorte absolutamente parcial del proceso y hechos que se nos transmiten desde la exclusiva mirada de los invasores.

Somos fruto y pertenecemos a un devenir histórico vasto, contundente, que también es suyo y de cada uno de los argentinos porque, como los habitantes originarios de nuestro continente, también nosotros somos nativos, es decir los que nacimos en esta tierra.